viernes, 23 de enero de 2015

El rapto


Mis ojos se pierden entre la maleza que, suave pero furtiva, con delicadeza pero con rabia, clava sus espinas en mi piel que grita muda. Se eriza y tiembla ante la llegada de lo jamás contado.

Creo ver la luz, la salida, la esperanza, pero no es más que otro tunel al aire libre que conduce al nuevo negro.

Tropiezo y caigo sobre una cama de hojas, debajo de estas un cepo. Cuando consigo dislumbrar el ser, de nuevo ciego. Cuando toco la hierba no son más que hojas secas. Me zafo del castigo y el camino sigue silencioso.

Estas punzadas que me acompañan en la búsqueda de la nueva luz se convierten en aliadas, no más extraños.

De repente no más oscuridad, todo se convierte en un extenso llano. El sol brilla, el cielo despejado, mi alma vacía. Mi mirada vacila en busca de la nada que intenta distinguir, una jaula. Echo de menos la oscuridad, deseo las espinas en mi piel, el cepo, lo seco, la soledad.

No, digo en voz alta. No, vuelvo a repetir. No, digo sin esperanza. No, continúo, hasta que mi alma repite al unísono de mi voz, no.


Hace meses que no escribo en el blog y creo que ha sido un gran error. Sin embargo, llevaba buscando una respuesta mucho tiempo y a pesar de que aún no sea clara creo haberla encontrado o, al menos, me he acercado a ella. Tal vez esa respuesta sea un error, tal vez ni siquiera se acerque a la realidad, pero es mía, la que a día de hoy sigo buscando por todos los rincones para dar sentido a mi vida.
Y recuerda, no siempre el sí es la respuesta.

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